
De pequeña, cuando estaba desesperada por algo, por las notas, por un enfado con mi madre, una riña con un noviete o cualquier cosa típica de la edad me refugiaba en el cuarto de baño, abría el grifo a presión y comenzaba mi llanto, un llanto que me relajaba, porque aquel era mi espacio, mi pequeña burbuja donde ser yo misma y expresarme sin miedo a que me hicieran daño, a que me vieran vulnerable. Tirada en el suelo frío se apagaba mi sufrimiento. Y cuantas veces habré estado alli, en ese suelo, entre esas paredes dejando correr el agua, con mi madre tras la puerta o algún hermano que quería entrar.
Ahora cuando me siento así y necesito llorar sigo encerrándome en el baño, será la costumbre, o que es la única puerta de la casa que tiene su cerrojo o pestillo (de fácil acceso con una simple horquilla) La diferencia si es que la hay es el tamaño del baño, parece mucho más menguado, y lo es, que ya no abro el grifo (soy consciente del ahorro de agua). Y que mis problemas actuales no se solucionan ni se van con una llantina, son más profundos. Incluso cuando estoy sola en casa, entro alli a desahogarme.
Mujer Desesperada
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